Esta empresa no funciona pero es muy creativa

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Sobre la codicia, el poder y el dinero

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Que la lenta pero progresiva liberalización de los mercados internacionales que invadió el planeta Tierra tras la Segunda Guerra Mundial, a partir de los Acuerdos de Bretton Woods (New Hampshire, EEUU, 1944), ha llevado a esta situación tras unos 60 años de recorrido histórico: es cierto. Que una confianza ‘ciega’ en los principios del ‘laissez faire’ (es decir, el libre mercado) subestimando los desmanes, las ansias de riqueza y poder fáciles, ha propiciado esta desconfianza general en el sistema económico internacional: también cierto. A cada cual, lo suyo…

Se cumple casi año y medio desde que Bernard L. Madoff, toda una institución desde los años 70 en Wall Street, fuera detenido como responsable de una monumental estafa piramidal, valga la redundancia (por lo de monumental: porque vaya ‘obra’ nos brindó el pájaro). Transcurridos tan sólo 3 días, se hablaba de las siguientes cifras: 50.000 millones de dólares estafados. No sé si alguno de vosotros recordará cómo allá por 2007 trascendía el fraude elaborado por Jérôme Kerviel, un francés operador de mercado, que ‘birló’, y desde dentro de la propia empresa, 4.900 millones de euros, aunque Société Générale (la entidad financiera en cuestión) reconoció que la estafa podría haberse consumado en 50.000 millones de euros. Por lo que me toca de granaíno, recuerdo -y bastante bien- cómo César Martín estafó a cientos de personas un total que se estimaba en 6 millones de euros, asegurando elevados beneficios tras invertir en operaciones de compra, venta y alquiler de metales preciosos (oro y plata, fundamentalmente) a corto plazo. Aquí el mecanismo también fue una estructura piramidal, una vez descubierta la trama también a primerísimos de 2007.

Bernard, antes de comenzar su singladura por los parqués de Wall Street, se dedicaba a la fontanería. César Martín vivía con sus padres y trabajaba como mecánico en un taller de automóviles. Tan sólo el francés respondía al perfil de estudiante estándar. Sin embargo, con estos tres ‘ejemplos dignos de encomio’ sólo quiero clarificar lo que hay de común en ellos: afán de superación, tremenda ambición, fuertísima determinación a conseguir lo que desean y, sobre todo, una gran inteligencia. Cuatro virtuosos atributos que no han sido recompensados, sino más bien apaleados y castigados. A alguno de ellos le valdrá la pena si consigue salir de la cárcel pronto y poder disfrutar de su dinerito trabajado y desvíado inteligentemente a los paraísos fiscales. Estos tres ‘héroes’ ejemplifican cómo “con esfuerzo, trabajo y un infinitésimo de inteligencia, uno puede llegar dónde quiera”. Brindemos por ellos…

¿Realmente creen que falla el sistema económico? ¿O no será que fallan algunas personas que lo integran? ¿Alguien puede creer tras leer la Biblia, que la religión católica es mala? Sin embargo, hay quienes creen que no debiera existir, por el hecho de haber visto los desmanes, la codicia y la falta absoluta de moral de algunos de sus dirigentes e integrantes a lo largo de la historia de la cristiandad. Y no voy a ser yo quien defienda la tesis de que todo ha sido bondad y buenhacer… Ni mucho menos.

El sistema no falla. Lo que ha ‘quebrado’ es nuestro sistema de valores, nuestra escala de preferencias y de principios. Tenemos lo que nos merecemos. Lo que hemos dejado que ocurra entre todos. No por haber hecho que esto ocurriera, sino por no haber hecho nada para que no fuera así. Nuestros tres honorables ejemplos sólo han cogido lo que les hemos puesto frente a sus ojos para ser cogido. Nada más. ¿No les da siquiera un poco de pena que hayan sido así de débiles? Nosotros les tentamos…

[Nota: este post lo escribí ya lo escribí en diciembre de 2008 en otro blog, ya cerrado.]

Written by jjfernandezg

5 junio 2010 at 22:31